
Ese ideal que adorabas, esa hermosa utopía que añorabas procreo a tu verdugo y de un día para el otro decidió adoptar tu doctrina, y te clavó un puñal por la espalda. No puede esperar un leon nada de una rata, tanto como una rata de un águila, pero la envidia y el resentimiento los impulsa a buscar un entendimiento, una falsa cercanía, una igualdad para predominio de la cantidad. Es así que muchas cucarachas se creen lobos, pero no dejan de ser cucarachas...y con toda la suerte y el esfuerzo, no son más que una actuación pobre y mediocre de la actitud del lobo. En definitiva, hay muchos que estamos destinados a vivir solos, o más bien incomprendidos, puesto que volamos muy alto, y amamos demasiado, morimos rápido con nuestro amor, con nuestra entrega, con nuestro ideal, y quizás en eso parezcamos condores...fieles hasta el final. Quizás también nos asemejamos a un fenix, porque cada muerte nos ve renacer, y quizás también águilas porque vemos y sentimos desde las alturas, porque vamos donde queremos y porque tenemos un aire de grandeza y estilo que nadie tiene aunque pretenda imitar. Porque las palabras las sentimos y los sentimientos los vivimos hasta sus últimas consecuencias, nos plegamos con la obediencia y fidelidad de un hermano en armas, que puede morir en tu lugar. Pero son tantas las almas titubeantes, bajas, y pequeñas que pretenden prenderse de nuestras alas y volar a nuestra costa, que en esta selva en la que nos tocó vivir, siempre pareciese que estamos destinados a permanecer más que nunca inmutables frente a las pretensiones de todo pequeño insecto y fieles a nuestra naturaleza última, apartados, segregados. Quizás traicionados, quizás desertores, quizás egoístas, quizás abandonados... no hay otra opción para el que elije ser lo que es.